jueves, 17 de septiembre de 2009

Si bebes no conduzcas, palabra de monja (Y actualización sobre la verdadera historia de la monja -muy fuerte-)

El otro día mi padre me contó que había oído en la radio cierta hazaña de cierta monja. Y yo, tan oportunista como siempre, he decidido hacer un post de ello -aunque el 80 % esté inventado, porque no lo recuerdo bien, pero la base es lo que hizo la monja, lo del coche fúnebre y que luego llamaron a la policía, aunque en realidad no ocurrió lo que os pongo abajo-, y abajo del todo tenéis una pequeña charla :b




La hermana Claire se pilló un rebote del quince con la hermana superiora. ¡Ahora se iba a enterar!, se dijo. Cogió el vino guardado en la despensa y se empezó a pimplar una botella, con todo su morro y a morro.


Al rato de estar bien servida, se dirigió a la iglesia que había a unos 500 metros, y por una de las ventanas, de cerrojo casual y secretamente roto, se coló. Allí no había nadie, sólo un muerto... en el coche fúnebre. Resulta extraño pensarlo, pero es que las iglesias de esa ciudad son mu raras... Colgadas en la pared estaban las llaves del auto, y allí que se metió la hermana. Pisó el acelerador... y pum, rompió la puerta de la cochera de la iglesia (insisto, en esa ciudad son mu raras). Se llevó consigo otra botella de vino de la despensa de su propio convento, y a cada que podía se pimplaba otro sorbo. ¡Aquella monja era un peligro!


Tendríais que haberla visto, ¡como corría la hija puta! ¡Y cómo disfrutaba! Finalmente se chocó contra una casa, en la que los dueños llamaron a la poli... y cuando vinieron se encontraron a la monja roncando, sobre el volante... Pero fue despertarla y salió su demonio interior. Aquella monja tenía mal beber, era la típica que en cualquier taberna se liaba a ostias con cualquiera... nunca mejor dicho. Pobre del policía... con tres costillas rotas y el hombro dislocado... Tuvo que pedir refuerzos. Nadie podía parar a aquella hermana, nadie... excepto una trampa para ratones gigante, la cual de señuelo tenía una botella de rioja, en lugar de un trozo de queso... ¡PUM! La monja se quedó atrapada por el pie... pero no le dolía ni nada, ya que aquella botella de vino estaba buenísima, y sólo estaba pendiente de tragar y tragar. Al final dos policías se la llevaron, cada uno agarrándola por un brazo. La hermana Claire, tan gruñona como era no facilitó la tarea, ¡se movía más que un rabo de lagartija! "¡Fascistas, fascistas! ¡Soy una mujer, tengo mis derechos!", gritaba. ¡La oyó hasta el muerto del coche fúnebre.




Para cuando llegaron a su convento, ya estaba rendida, durmiendo como una cachorrito... La llevaron a su cama, donde durmió toda aquella noche a pierna suelta. Al día siguiente, bien temprano, fue a despertarla la madre superiora. ¡Cómo le dolía la cabeza! Estaba agotadísima...




Cuando se empezó a despejar, la hermana superiora le dijo: "Anda, ¡la que has liado! ¡Y los destrozos que has hecho! Pero de una cosa te advierto... ¡Mi vino ni tocarlo!" La madre superiora se retiró, haciendo eso de señalarse con el índice y el dedo corazón los ojos, para luego señalar a los de la hermana Claire, amenazante.




Desde entonces, la hermana Claire no es la misma... Ahora es mucho más divertida.










1, Bueno, estoy preparando el segundo capítulo del post anterior a éste, entre otro texto del cual os puedo decir que pinta muy bien


2, Tengo en mente hacer otro blog... En él pondría historias más bien trágicas, oscuras, y en éste textos jocosos, como el que hoy nos ocupa




3, Siempre he considerado mi blog una vía de escape, y ahora me hace más falta "escapar" que nunca, de ahí el apartado 1.

Edit:

Ya me he enterado de todos los detalles de lo de la monja (es más fuerte de lo que parecía). El coche fúnebre estaba en la puerta de la iglesia de la monja, que no convento, la cual salió de allí ya borracha, cogió el coche mientras el dueño estaba fuera de éste (me imagino que estaba hablando con alguien del tema del muerto y tal), y se puso las gafas de sol del hijo del dueño, que se había dejado dentro. La hermana fue a una licorería, y en el aparcamiento estrelló el coche en un árbol, entró a comprar 3 botellas de vino y una de otro alcohol. Como era de día, unos niños fueron testigos del accidente de la monja. Al rato, vino la policía y preguntó a los niños que había pasado, y éstos dijeron que había sido Batman, porque la monja iba toda de negro y con las gafas negras, mientras tanto, la susodicha seguía en la licorería. Cuando salió de allí, y creo que ya se habia pimplado parte de una de las botellas, la sorprendieron los policías con pistola en mano, y la detuvieron. Estaba borracha, pero es que el coche tampoco estaba como se supondría a priori; No tenía documentación, ITV, sello, seguro... ¡Y encima robado y con un muerto detrás! Total, que la detuvieron y se llevaron el auto a la parroquia para dar término al acto fúnebre. Cómo no, todo ocurrió en NY... Os avisé de que era más fuerte que lo que había erscrito yo.

martes, 4 de agosto de 2009

Nuestro lado secreto





...I'll buy you a diamond ring my friend,
if it makes you feel alright,
I'll get you anything my friend,

if it makes you feel alright,
'cause I don't care too much for money,

Money can't buy me love...


Capítulo 1:
EL SUR


Aquel chico no dejaba de mirarla. Ella giraba la cabeza y le miraba de vez en cuando, furtivamente. Al principio el chico pareció como disgustado y sorprendido, como si no quisiera que ella se diese cuenta de que la estaba mirando. Luego trató de que no se notara tanto. Momentos antes, cuando ella le pilló, había escondido algo rápidamente, como el que trata de esconder algo tabú, algo secreto, cuando le han descubierto.
Ahora, sin embargo, le daba lo mismo, ya hasta la miraba con descaro. Ella se dio cuenta de todo por casualidad, mientras cogía el libro de poemas que estaba leyendo, cuando se le resbaló.

Se estaba poniendo nerviosa, pero el caso es que no le era del todo desconocido. El chico finalmente se acercó, y con toda su caradura, se sentó en el asiento de al lado de la chica, la conversación surguió así.

- Perdona... ¿eres Su... Susana?
- Sí, ¿y tú...?
- ¡Tía, soy yo, el Mario!

No sabía como reaccionar. ¿Qué hacía allí aquel compañero de la escuela y del instituto, en aquel tren? ¿Por qué la había estado observando de aquella manera, y tardó tanto en acercársele? ¿Tardó en reconocerla, quizás? A Susana se le escapó un resoplido, aliviada. Era él sin duda, ahora que lo tenía de cerca estaba segurísima. Esos ojos tan negros, que tanto se interesaban por ella y que ahora veía tan nítidamente, no eran fáciles de olvidar. En cambio, ella, Susana, había cambiado algo más con el tiempo, pero no tanto como cabiera esperar.

Se besaron. Ella guardó en su bolso su libro de Antonio Gala, mientras que a él no se le borraba la sonrisa de la boca.
Ahora estaban sentados juntos, aunque Susana no se terminaba de sentir agusto con su visita. Ya no era como antes, cuando los dos soñaban con ser libres y hacer lo que quisieran, con ser adultos. Aquello ya era solo un recuerdo.

- Yo llevo ya unos meses trabajando en un taller, pa' limpiar coches y eso... ¿tú?
- Pues vengo de Sevilla. Estoy dando allí clases de danza, ya sabes que de pequeña entrenaba mucho, ¿te acuerdas?
- Pues no mucho...
- Bueno, ¿y qué se te ha perdío por aquí? Es mucha casualidad que nos encontremos aquí, en un tren de Sevilla a Córdoba, ¿qué hacías en Sevilla, tío?
- No has perdío el acento andaluz, ¿eh? Pos mira, estaba haciéndole la visita a una amiga, pa' ver si me la camelo y eso... No, es broma; tú sabes que yo pa' ligar no tengo que ir muy lejos -Bromeó Mario-. Vengo de visitar a mi hermana, vive allí...

- Pos yo voy a visitar a la mía...

Susana se empezaba a mosquear, todo parecía ser demasiada casualidad. Pero no tardó en dejar de darle vueltas; Mario no se traía nada entre manos... o eso pensaba ella.


Ya era la hora, y el tren llegó a su destino. Los dos se separaron, pero se intercambiaron los móviles, con la excusa de no volver a perder el contacto. Susana le vió alejarse, y de repente algo extraño pasó. Mario, a lo lejos, parecía querer esconderse detrás de la gente. Luego sacó del bolsillo de su pantalón algo que ella pensó que era un pequeño bloc de notas, y escribió algo. Esto no habría tenido la mayor importancia si no fuera porque, en el tren, cuando Susana y Mario cruzaron sus miradas por vez primera y ella se dio cuenta de que le estaban observando, él escondió algo, como si se supiese descubierto, rápidamente en el bolsillo.


- ¡Susana! - Alguien le gritó de repente. Era su hermana.



Después de los afectuosos abrazos, saludos, besos y de las preguntas típicas, ambas salieron de la estación, dirigiéndose hacia el coche de la tan citada hermana de Susana. Habría sido un placer haberlas visto, demostrándose tanto amor y cariño... ¡y eso que sólo hacía seis meses que se vieron por última vez y que se llamaban continuamente!



No es que Córdoba y Sevilla sean ciudades muy lejanas entre sí, pero no había surguido la oportunidad de que en estos meses alguna viajase a la ciudad de la otra. Es curioso, pero incluso se podría decir que no habían puesto mucho interes en verse de nuevo, era como cuando a los críos les dan las vacaciones de verano en el colegio, que para que sean más especiales hay que esperar al verano, y no antes.







...My love is tainted by your touch
cuz some guys have shown me aces
But you've got that royal flush
,
i know it's crazy everyday
Well tomorrow may be shaky
but you never turn away...



"El sur

Y nosotros ¿qué haremos?
Los nacidos en tierras soleadas,
donde todo es como una jadeante
pedrería, que cálida alimenta
al indomable tigre del verano.

Donde cada tiniebla es el refugio
de voraces amantes, cuyos ojos
pregonan al pasar su sed urgente,
y al río van cogidas las cinturas.

Donde el amable peso de sus alas
impide defenderse a la Belleza
de un preceloso bosque de caricias.

Los nacidos en tierra de naranjos,
entre los cuales un ciprés levanta
asombrado su espíritu, qué haremos
si un ardiente desorden nos envuelve
e inseparable tras nosotros,
roja como una cauda, repta la indolencia.

¿Qué haremos los ungidos con el óleo
antiguo, si pisamos sobre aquello
que muerto hace crecer a las granadas
y cuya ruina de olivar quemado
aún desea besar con nuestra boca?

¿Adónde miraremos
si por doquier florece la nupcial
campánula y desnudo el cuerpo se echa
con regalo en la yerba, y lo extasía
el singular color de las cantáridas;
si un sabor tiene el alba no gustado
a manzana primera, y de ella muerde
también corporalmente el pensamiento?

¿Dónde está la belleza?, me pregunto
y entre mis labios húmeda desliza
Amor su lengua y falsa su respuesta...

Nos entorna las almas el olvido
que los frutales muslos nos exigen
en su hermano delirio y, señalados
con los salvajes besos de la noche,
nos dejamos llevar por los perfumes.

Pues si lánguida y verde adormiera
es el aire, y se enreda en sus columnas
la carnosa sazón de la mandrágora,
qué otra cosa es posible
para los nacidos en el sur,
sabemos el impío
secreto de las selvas y bebemos
la púrpura del sol del mediodía.

Antonio gala"


- ¿Qué, te ha gustado, verdad, Ani?
- Qué preciosidad, hermana. Prométeme que siempre que tú estés de vacaciones y vengas aquí, me leerás en el trayecto algún poema.
- Desde luego. Será nuestra tradición secreta, ¿vale?

Ani miró a Susana y le espetó un "Que cosas más raras hacemos". Ambas se sonrieron.

- Por cierto, en el tren me he encontrado con un compañero de la infancia. También venía de Sevilla pa' Córdoba, ¿no crees que es mucha casualidad?
- Bah, cosas más raras se han visto...
- Al principio estaba como raro, y no paraba de mirarme,. Estoy un poco mosqueá porque todo ha sido...
- Ah, ¿te he dicho lo de mi Julia?
- ¡Ostias, no me acordé de preguntarte por ella! Ya sabes que siempre me olvido de algo.
- Bah, no pasa nada. Entre hermanas se perdona todo. Bueno, po' está enferma, en la cama. Pero no es nada grave.

Antes de que Susana pudiera preguntarle a Ani sobre Julita, como la llamaba ella, ésta, su hermana, le subió el volumen a la música que tenian puesta. "Mira, es la canción que bailaste la última vez que viniste, la que dices que pones en tus clases. Te la había preparado", le soltó. En ese momento Susana no se dió cuenta, pero fue la forma perfecta de evitar preguntas sobre lo que le pasaba a Julita...










If travel is searching
and home has been found

I'm not stopping

I'm going hunting
i'm the hunter
i'll bring back the goods
but i don't know when


thought i could organise freedom
how Scandinavian of me
you sussed it out, didn't you?


You could smell it
so you left me on my own
to complete the mission
now i'm leaving it all behind

I'm going hunting
i'm the hunter ...


(You just didn't know me!)

(You just didn't know me)




Ya habían llegado al chalet de Ani. Allí vivían ella, su hija Julia, y algunos veranos se bajaban a la abuela Mariana. Ani era madre soltera.


El encuentro entre Susana y Mariana fue mágico. Ambas se emocionaron mucho. Hacía un año que no se veían, aunque se telefoneaban de vez en cuando.


Cualquier persona se sorprendería al saber que dos personas que se amaban tanto habían esperado ese tiempo para volver a encontrarse. Pero, evidentemente, no se dio la oportunidad, sin más, porque en semana santa la abuela Mariana estaba también de viaje con algunas de sus compañeras, ¡no se perdía ni una!


Era un persona envidiable; a su edad y con tantas ganas de vivir, así la recordaba Susana. Pero en esta ocasión, fue distinto, no estaba tan feliz y contenta como siempre. Se veía la tristeza en sus ancianos ojos. Estaba... rara.


- Bueno, ¿y que tal Julita? Aún no sé lo que tiene...

- No te preocupes, no es nada grave. Ya la verás mañana, hoy está cansadísima, ¿vale?


De repente, Ani le pedió a su hermana que bailara para la abuela Mariana. Lo hizo tan repentinamente, que cualquiera habría pensado que quería cambiar de tema de conversación, para dejar de hablar de Julita, pero Susana, tan extasiada como estaba siempre que se encontraba con Mariana, ni se lo imaginó.


Ya llegó la noche. Susana estaba tan cansada que pidió quedarse esa noche en el chalet en lugar de salir de copas. Estaba en una de las 3 habitaciones del hogar. Mientras que ella y Mariana estuviesen allí, Ani dormiría en el sofá.


Abrió los ojos, de repente, como una exhalación. Le pareció oír algo en la habitación contigua, lugar en el que dormía Julita. Miró el reloj analógico, y vió que eran las 3 de la mañana.


Se dirigió hacia la puerta, la intentó abrir y... nada. Estaba cerrada y no se podía abrir. Estaba capturada, encerrada como una presa que cae en un cepo.


Quiso golpear la puerta, gritar, pero luego recordó que Julia dormía en la habitación de al lado, y no se habría perdonado despertarla estando enferma... pero hubo una idea demoledora que le empezaba a nacer en la cabeza; estaba pasando algo malo; ¿Por qué, sino, la puerta de la habitación de la niña, cuando antes había ido Susana hacía la suya, estaba cerrada, en pleno verano? Y ahora que lo pensaba; ¿quién había cerrado la suya? Estaba segura de que la había dejado abierta. Y... ¿por qué no había visto a Julita hasta ahora? Eran cosas en las que no había caído hasta ahora.


Empezó a aporrear la puerta, y a una milésima de segundo se quedó de empezar a gritar, cuando alguien, desde el otro, abrió la puerta dandole un golpe con el hombro.


- ¿Qué pasa?


Ani había entrado en la habitación, alterada.


- ¡Me habeis encerrao!- Le gritó Susana, con su particular acento.
- ¿Qué? ¿no has cerrao tú?
- ¡NO!
- Ah, no te lo había dicho... es que la puerta se atranca y luego no hay forma de abrirla.
- ¡Pero yo no...!
- Habrá sido el viento. Lo raro es que no haya dado portazo... o lo mismo ni nos hemos enterao, porque estábamos fritos...


Susana no sabía qué pensar.

- ¿Qué pasa, mamá?

Julia se había despertado, al igual que Mariana, que miraba la escena, callada, desde su puerta.

- ¡Julia! ¿Cómo estás? ¡Estarás contenta, Susana!
- ¡Julia, vete a tu cuerto! - Le soltó, de mala gana, la abuela Mariana.

La luz del pasillo estaba encendida, así que se veía todo perfectamente. La intranquila Susana se fijó fijamente en su sobrina. No tenía muy buen aspecto y estaba justo debajo de una de las luminarias. Se la veía pálida, como la cera.


A Susana le llamó mucho la atención el que tuviese los ojos tan abiertos y que en aquella situación se le viesen tan nítidamente. Se fijó en ellos intensamente, como el marchante que observa un buen cuadro. Un escalofrío recorrió su cuerpo.

- ¡Vamos, a dormir! - Mariana cogió a la niña de la muñeca. Toda la escena ocurrió muy rápidamente.


- Hermana... Mañana hablaremos. Ahora vete a tu cuarto y no te muevas de ahí, ¿te enteras? - Ani estaba enfadada; siempre tuvo muy mal despertar, y si a eso le unimos el que hubiesen despertado a su hija enferma de tal forma, el susto que se había llevado, y la simple idea de que Mariana ya no se volviese a dormir, como ella misma decía que le pasaba siempre que se despertaba en mitad de la noche... Todo era un cúmulo de cosas demasiado subrrealistas para ella.


Susana ya estaba en su cama, sabiendo que ya no volvería a dormirse. Tenía clavados en la retina los ojos de la niña, negros como un pozo. No lograba quitárselos de la cabeza.


Solamente podía pensar en Julita, en como era la última vez que la vió, en cómo tenía el pelo, en que parecía que le había cambiado la voz... pero sobretodo en sus inmensos ojos azules como el cielo... En que la que había visto... era otra niña.

jueves, 5 de febrero de 2009

Ipomorphosis

(Antes que nada, deciros que a mí me encanta ponerme música mientras leo, por eso se me ha ocurrido poner algunas canciones en este post, con la intención de que si os gusta la idea, las escuchéís en plan hilo musical, mientras leéis la parida que os voy a soltar)







Mario despertó aquella mañana. Ese día no tenía nada previsto por hacer así que podía levantarse sin que sonara su tan odiado Tom.

Así es como llamaba a su despertador. Decía que ellos dos eran tan imcompatibles que parecían Tom&Jerry, de ahí tan original nombre para un despertador.

Abrió y cerró los ojos en cero coma dos, y sin salir de de la cama, intentó estirazar los brazos, pero no pudo. No obstante, no le dió importancia, porqué pensó que era porque tenía muchas agujetas y éstos no le respondían. Aunque también es verdad que él no hizo ningún ejercicio los días anteriores... Cosas de Mario.

Intentó ponerse en pie, pero no tenía fuerza suficiente. Ya se empezó a mosquear.

Ahora lo que intentaba era levantar la cabeza, como si fuese un acto reflejo que le pedía ver que le pasaba a tan cochambroso cuerpo... pero tan poco pudo. Se epezó a desesperar; no podía ni levantar los brazos, ni salirse de la cama, ni alzar la cabeza. Por más que lo intentaba, no conseguía nada. ¿Qué demonios le pasaba?

El nerviosismo fue a mas cuando se percató de que tampoco podía mover las piernas... y llegó a su momento más irritante cuando empezó a notarse más ligero de lo normal. Era como si fuese plano...

Empezó a gritar, de lo exasperado que estaba, pero de nuevo volvió a ocurrir algo extraño, sus gritos no se escuchaban como de costumbre... parecían venir tenuemente de la almohada, como si saliesen de unos auriculares que casualmente estaban sobre ésta...





Como si se tratase del hombre-insecto del famoso libro del gran Kafka, en un momento de lucidez trató de balancearse, como si supiera que así iba a lograr ponerse en pie.


Estaba resultando imposible, y empezaba a ponerse tan o más nervioso que hasta hace un rato. Si bien es verdad que otros habrían roto a llorar en su situación, él en ese sentido se mantenía "seco". ¿O quizás es que no podía llorar, porque sus lágrimas no podían salir de sus nuevos ojos, los cuales parecían cubiertos por algo
que se asemejaba a un cristal, o incluso al plástico, y los cuales aparentemente sólo podían pestañear y moverse para mirar en otras direcciones?

Le quedaba poco para que le diese un ataque de ansiedad. Volvió a gritar, esta vez con una potencia mucho más abrumadora, y pareció que ahora sus gritos ni siquiera se oían tenuemente, como acurrió antes. Parecía que los auriculares antes mencionados se habían desconectado, como si el balanceo que intentó hacer poco tiempo antes hubiese tenido (sólo) ese efecto. Parecía que sólo se le podía oir con los auriculares conectados.

Oyó la puerta principal, la cual estaba cerca de la de aquel cuarto, abrirse. Mario había olvidado que su madre y él quedaron por teléfono en que ésta iba a ir a verle ese día, antes de la comida, para volver a verle en persona.

Su madre abrió la puerta del dormitorio en cuestión, como si "se hubiese olido la tostada". Encendió la luz, miró a la cama, y se puso a gritar, como si fuese el mayor susto de su vida ver a su hijo en su nuevo estado. Por suerte para Mario, su madre, que era de mareo facíl, se desmayó después de llamar a la policía, como en una película cómica, y no antes.

Vino la policía al cabo de un rato, y los vecinos les dijeron que habían oído un grito muy fuerte. Se tuvo que tirar la puerta abajo para que pudieran entrar en la vivienda los agentes y algunos de los vecinos (chismosos) en cuestión. La impresión que causó ver lo que había en dicha vivienda fue tal, que algunos de los que entraron en la habitación se quedaron paralizados.






La madre de Mario fue reanimada por un policía mientras los demás estaban en el dormitorio de Mario, observándole.

Mario no se enteró de que estaba siendo tan analizado por aquella gente. En el transcurso de tiempo en el cual vino la policía, se quedó sin batería.

Parecerá extraño, pero los agentes no lo abservaban como el que observa un cuadro del que nunca se había oído hablar. Lo observaban como el que observa un lienzo del cual habían oído hablar pero nunca habían podido ver con sus propios ojos.

Llamaron al psiquiatra amigo del agente jefe, el cual entendía de extrañas mutaciones más que cualquier otro mortal, o edo decía él.

Los vecinos que entraron en el dormitorio también se sintieron fascinados por el nuevo Mario, pero fueron desalojados por los policías.

Ya llegó el psiquiatra. Cuando lo llamaron le informaron de lo que ocurría, así que ya venía preparado con un portátil bajo el brazo y en la otra mano un cargador USB tamaño XXL que se usaba en éstos casos.

Entró en la habitación. Conectó el cargador a un puerto USB de su portátil y luego a la base del nuevo cuerpo de Mario, el cual volvió en sí porque ya se estaba llenando de energía.

El psiquiatra le explicó a Mario que se había convertido en un hombre-Ipod gris, y que esta mutación recibía el nombre de Ipomorphosis o Ipodmorphosis. Además le dijo que como era un chico un poco chapado a la antigua, no se había transformado en un Ipod de último modelo, sino en uno que salió 2 años atrás.

Mario era tan oficionado a dicho aparatito, que gracias a el cerumen de sus oídos, se mezclaron dichos cuerpos (él y el Ipod). Hay gente con un cerumen muy especial.





Evidentemente, el psiquiatra contestó a las preguntas de Mario, y para oírle se puso en las orejas los auriculares ya conectados. Curiosamente, los auriculares eran de tamaño normal y no de tamaño XXL, como el resto del nuevo cuerpo de Mario.

Aunque parezca mentira, cuando Mario se enteró de lo que era ahora, no se puso ni nervioso,ni cabreado, ni triste... Tenía el convencimiento de que su nueva situación traería más ventajas que inconvenientes, quizás porque Mario siempre fue un cabeza loca...

Desde entonces, Mario y su madre viven felices, él porque, como ahora no tenía ni brazos ni piernas, no podía trabajar y encima el gobierno le daba una paga por ser una "persona incapacitada al trabajo con auriculares incorporados", y ella, su madre, porque ahora podía escuchar la música que quisiera sin tener que comprarse un Ipod.


Y es que ya sabéis lo que dicen; nunca te acostarás sin transformarte una vez más...

FIN

(Ahora resulta que las canciones no funcionan... ¡ME MATO!)


martes, 9 de diciembre de 2008

Perdóname

La hizo llorar... Él no quiso hacerlo, pero la hizo llorar...

Había surgido el tema de la otra parte de la familia, los despredicios que ella, su madre, decía que le hacían a él, su hijo... y que tan poco le importaban a éste.

Él le decía que le daba lo mismo, y que vivía su vida... Ella callaba...

Sus labios empezaron a probar sus propias lágrimas, que caían sin querer por su cara. Sabía que su hijo no entendería su rabia hasta que él fuese padre... y que entonces recordaría sus lágrimas.

El padre pensó que lo mas adecuado sería volver a casa. Su hijo volvió a ponerse en el asiento del copiloto para dejar que el que condujese fuera su progenitor. Para cuando llegasen a casa estarían los ánimos más calmados...


Cerca de allí, también en aquella parte de la ciudad en la que se estaba construyendo nuevas viviendas y dónde los novatos intentaban aprender a conducir, una pareja empezó a discutir...
Hasta que él le tapó dulcemente la boca a ella, y luego la sonrió... Era su forma de decir que discutir no servía de nada... Era su modo de pedir perdón.



Amaral- Perdóname

Perdóname...
por todos mis errores...
por mis mil contradicciones...
por las puertas que crucé...

Disculpame...
por quererte igual que antes...
y por no poder callarme...
ni siquiera hoy lo haré...

Hay...
demasiados corazones sin consuelo...
y es demasiado frío este momento...
cuando siento que te pierdo...

Entiéndeme...
por todas mis locuras...
que fueron la mitad mas una...
de las que te he visto hacer...

Discúlpame...
si te duele lo que veo...
demasiados buitres negros...
tu eres demasiado bueno para ellos...

tu eres demasiado bueno para ellos...

Hay...
demasiados corazones sin consuelo...
y es demasiado frío este momento...
cuando siento que te pierdo...

Hay...
demasiados corazones sin consuelo...
y es demasiado frío este momento...

Hay...
demasiados corazones sin consuelo...
y es demasiado frío este momento...
cuando siento que te pierdo...

jueves, 13 de noviembre de 2008

Súper Súper-Héroes

- ¡Tenemos que encontrarle!- Dijo, por fin, el Chico Tentáculo.

- Si tus poderes sirviesen para algo útil sería más fácil encontrarle, ¿no crees?- Le contestó la Chica Purpurina.

- ¿¡Vais a empezar otra vez!?- Gritó el Señor Enigma.

- Ummmmm...

Se hizo el silencio...

- Chico Nose-Scout, ¿has encontrado algo?- Volvió a decir el Chico Tentáculo.

- Me ha parecido oler su rastro... Falta poco...



Mientras tanto, en la guarida de Mister Místico...




- ¿Chico Narrante?

- ¿Que quieres, Místico?- Le contesté.

- ¿Qué se supone que significan esas onomatopeyas?

- Umm... No sé, pero quedaban bien...






Hola, ahora el que os narra no es Chico Narrante, es Chico Tuerto...


- Mister Místico, ¡verás como al final me rescatan!- Gritó efusivamente Chico Missing, el Super-héroe del grupo Los poderosos (grupo bueno) secuestrado.

- ¡¡JA!! ¿En serio piensas eso?

- No... Pero es que mi poder es decir frases que queden como si de una peli se tratase...

Mister Místico le pidió a uno de sus secuaces, obviamente también perteneciente a su bando, el Bando Canalla, que le trajese una limonada.


Al mismo tiempo, en el descampado dónde lucharon por última vez Los Poderosos y el Bando Canalla y dónde se le perdió la pista al Chico Missing...






- ¡Uff! Chico Cuesco, ¿otra vez te has...?

- Perdón...

- ¡YA! ¡YA LO HE ENCONTRADO!- Gritó el Chico Nose-Scout

- ¿El qué, el rastro de Chico Missing? Pues me extraña, porque estando aquí el Chico Cuesco cualquiera huele otra cosa...

- No, exactamente. He encontrado un nota en la que pone:

"El Bando Canalla tiene secuestrado a vuestro amigo en la antigua fábrica Mars Flash

Firmado: C. N."

¿Qué ocurrirá en la próxima entrega de Súper Súper-Héroes? ¿Recuperaré mi ojo? ¿A que viene que haya una segunda parte de una tontá como ésta? Las respuestas son: Tendrás que verlo, tendrás que verlo (cerrando un ojo) y porque no me da la gana escribir más.

(De momento) FIN

Texto: Súper Pegaso

Guión: Ninguno

Imágenes: Súper google...



martes, 30 de septiembre de 2008

Pasión

Él la llevaba en brazos. Ella se dejaba llevar... y besar.


Llegaron al dormitorio, y Él la posó sobre la cama. Para quitarse los zapatos, se dió la vuelta, de forma que vio la cajonera que había pegando a la pared, justo debajo de aquel espejo colgado. Se percató de que había una foto boca abajo. Sin si quiera proponérselo, se puso a sonreír. Sabía que allí había una foto del marido de Ella.


Cuando ya estaban en la cama, empezaron a besarse como si les fuera la vida en ello. Ella se levantó de repente, y le pidió a Él que esperase un poco, que tenía una sorpresa.


Al poco tiempo, vino con un recipiente de nata, unas pocas fresas y, en una cubitera, una botella de champán. Lo tenía todo planeado.


Empezaron a jugar, a divertirse y a rociar su cuerpos con un poquito del champán. Ninguno de los dos había hecho nunca algo así. Se lo estaban pasando en grande.



Al cabo de su debido tiempo, cansados ya de tanta fresa, nata y champán, empezó la verdadera acción. El juego resultó un mero calentamiento.


Él era de esos a los que les gusta dejarse hacer... hasta ese día. Sabía perfectamente que Ella quería ser, aunque sólo fuera por una vez, la que se dejaba hacer, y quería compracerla y tomar las riendas.





Ella estaba disfrutando como nunca. Le gustaba hacerlo con un desconocido. Además, sabía que su marido no iba a aparecer, así que no tenía prisa...


La noche fue pasando, pero el éxtasis no disminuyó. Los dos querían más...


A Ella ya le resultaba imposible aguantarse los gemidos. Estaba explotando...


Él, por su parte, siguió con la misma potencia, la cual estaba volviendo loca a su amante.


Ya era imposible seguir así. El éxtasis llegó a su dulce final. Fue tan espectacular como al descorchar una botella de champán.


Los dos acabaron rendidos, y se pusieron a dormir. Al amanecer ya no eran Él y Ella, eran María y Bruno, dos personas normales.

- Hola, cariño. ¿Te ha gustado el experimento?- Preguntó Bruno


- Ha sido la mejor idea de mi vida.

Ya se quitaron las caretas y dejaron de actuar, volvieron a la realidad. Una realidad de un matrimonio normal y corriente que decidieron adoptar los roles apropiados una noche apropiada... y con las personas apropiadas.


FIN


martes, 23 de septiembre de 2008

Post 100 % espontáneo

Me estaba preguntando que clase de post hacer (se me había ocurrido hacer un post tipo novela y todo...), y he llegado a la conclusión de que lo mejor será escribir lo que me salga en el momento. Y si queda como un "churro", como decís ahora los terrícolas, pues habrá que comprar tazas para todos y chocolate Paladín.



Claudia estaba preparando el pan y la pasta. No tenía necesidad de hacerlo porque podría comprarlos, pero le gustaba y disfrutaba haciéndolo, porque experimentaba con ellos y le podía añadir lo que ella quisiese. A Claudia le gustaba ser una hippie alimenticia.

Ya había amasado el pan, y lo estaba poniendo en un recipiente, con un paño encima, para que reposase (ella siempre supo que todo el mundo necesitaba reposar después de ser amasado).

Llamaron a la argolla de la puerta principal. El ambiente empezó a "tensionarse"...

A Claudia le empezaron a temblar las piernas. Sabía que el único que llamaría a su puerta tan temprano sería su hermano Ginés. Seguramente venía para pedirle dinero...

- ¿Qué quieres?- Le dijo ella, cuando abrió la puerta.

- Dinero... sabes que no es plato de buen gusto pedirte nada...

- ¿Y para qué lo quieres ahora?

- No tengo casi comida...

- Pues ya está. Te doy el pan que estoy haciendo y listo...- Le replicó Claudia, aunque ella bien sabía que el dinero no era para eso...

- ...

- Mira, Ginés, no voy a darte dinero. Y menos para lo que tú y yo sabemos.

- Pero... ¡Es una necesidad!, y sabes que ya casi ni vengo....

Claudia se dio cuenta de que su hermano tenía más callos en los brazos. Eso era señal de que se seguía pinchando, porque cuando te pinchas demasiadas veces en un mismo punto, se acaba formando un callo.

Claudia le cerró la puerta, y quizás parecerá extraño, pero no tenía remordimientos por hacerlo.

Al caer la noche, alguien tiró una piedra a la ventana de su habitacion que rompió el cristal. Dicha piedra era de tamaño considerable. Ella vivía sola, con lo cual el miedo la dejó paralizada. Sabía que nadie estaba ahí para protegerla.

Oyó la voz de su hermano, insultándola, ya no sólo a ella, sino también al hijo que perdió... A Claudia le estaba dando un ataque de ansiedad... hasta que todo se calmó de repente.

A la noche siguiente, ocurrió igual, y a la siguiente, y a la siguiente. Claudia empezaba a desear la muerte a su hermano... hasta que un día todo cambió. Ginés ya no vino más. Ella sabía que su hermano había muerto, pero no le importaba. En éstos últimos días le acumuló tanto odio que incluso se sintió aliviada.

A la mañana siguiente, Claudia siguió haciendose su propio pan, como si nada hubiese ocurrido...

Psd: Yo mismo me he dado cuenta de que el texto ha pasado de ser una cosa o ser otra (o esa sensación tengo). Pero no voy a corregirlo, porque no sería tan espontáneo si lo hiciera, además tengo prisa por comprar las tazas...